Si los autos franceses fueran tan
confiables como bellos, el mundo seria definitivamente un mejor lugar.
Y una muestra de la belleza del
diseño francés mas reciente es el nuevo Peugeot 408, una propuesta muy moderna
y aún más disruptiva.
¿Por qué?
Si los autos franceses fueran tan
confiables como bellos, el mundo seria definitivamente un mejor lugar.
Y una muestra de la belleza del
diseño francés mas reciente es el nuevo Peugeot 408, una propuesta muy moderna
y aún más disruptiva.
¿Por qué?
Peugeot es un pilar de la
ingeniería francesa con raíces que se extienden hasta 1810, una marca que ha
navegado a través de dos siglos de historia industrial. Desde el nacimiento de
sus primeros autos, Peugeot ha balanceado la funcionalidad europea con el diseño
carismático.
Incluso llegó a maravillar al
mundo con el DS, un auto que hoy en día sigue siendo un prodigio de la
ingeniería y la estética automotriz.
Pero los tiempos cambian y la industria automotriz francesa evolucionó. Por un lado, Renault estableció una tensa alianza con Nissan, y en el caso de Peugeot y Citroën, fueron absorbidos por Stellantis, un grupo que aglomera marcas automotrices otrora francesas, italianas, alemanas y estadounidenses. Bajo el mando de Carlos Tavares, convirtió el sueño utópico de Sergio Marchionne en una auténtica Torre de Babel, cuyas consecuencias se experimentan aún hoy.
Indicar los puntos atractivos de un auto deportivo de cientos de miles de dólares es fácil.
Despreciar el modesto diseño de un sub compacto para el mundo real es incluso más fácil. Tan fácil que no se hace porqué además esos son los autos que utilizamos día a día.