Maranello ha hablado. Hace días se
presento el Ferrari Luce, el esperadísimo auto 100% eléctrico de la marca del
Cavallino Rampante. Y hubiéramos querido expresar nuestra opinión antes, pero
estábamos paralizados por el horror.
Y miren, técnicamente es una obra de arte: 1,050 caballos de fuerza, cuatro motores (uno por rueda), una batería descomunal de 122 kWh y un mimetismo tecnológico con el monoplaza 499P de Le Mans que sorprende. Hasta ahí, nos quitamos el sombrero. Los ingenieros de Ferrari lograron una maquinaria sorprendente sin necesidad de combustible fósil.
Pero... (y este es un
"pero" del tamaño de la fábrica de Módena), tenemos que hablar del
diseño. Toda la propuesta tiene el diseño deportivo de una plancha.
Abriendo un nuevo paréntesis, Ferrari ya vendió toda la producción de estos adefesios. Hasta aquí una
felicitación nuevamente a los ingenieros y esperamos sinceramente que, como lo
han dicho de forma oficial, este Ferrari no comparta ADN con algún otro eléctrico
de Stellantis.
Los tifosi dirán que, como
buen Ferrari, las ventas de un eléctrico de precio absurdo justifican el éxito.
Nuevamente tenemos una opinión muy diferente. Pero vayamos por partes:
Para este experimento, Ferrari decidió que el departamento de Flavio Manzoni necesitaba "sangre
fresca" y le entregó las llaves creativas a LoveFrom, el colectivo de
diseño liderado por Sir Jony Ive y Marc Newson. Sí, los mismos genios que moldearon
el iPhone, el Apple Watch y las MacBook. Y se nota. ¡Vaya que se nota!
Diseño
El boletín nos vende discursos poéticos y confusos sobre la "pureza sin precedentes" y una "simplicidad refinada" en el diseño de este auto. Traducido al lenguaje de los mortales que compramos gasolina y quemamos llantas, el Ferrari Luce parece un jabón olvidado en el piso del baño al cual el agua le borró todo ángulo y detalle de diseño eso sin tomar en cuenta unos interiores dolorosamente austeros que tal vez estarian muy bien en un Fiat Panda, pero jamas en un Ferrari.
La silueta está completamente
dominada por lo que llaman el glass house, una cúpula de cristal
continua en forma de concha que se extiende por debajo de la línea de cintura.
Para salvar el desastre aerodinámico de una forma tan limpia, tuvieron que
colgarle alerones flotantes adelante y atrás. El problema es que el enorme ducto
aerodinámico al frente recuerda demasiado a su primo pobre: el Dodge Charger,
que en su versión eléctrica ha sido un fracaso tal que obligó a Dodge a
reinstalar de emergencia un motor a gasolina.
Honestamente, no encontramos una
sola justificación por la cual el ADN deportivo de una de las marcas más
legendarias del planeta deba ser destruido de semejante manera. Toda la
herencia de Ferrari que, por decreto divino, debe evocar sensualidad, tensión
muscular y una pizca de peligro, fue pisoteada. El Luce no se ve peligroso; se
ve... absurdo, esterilizado, en pocas palabras: mal.
Visualmente el Luce es una
ecuación mal resuelta. Entre la carrocería estéril y libre de personalidad y
esas ruedas gigantescas, el auto parece una extraña mezcla de ideas mal
gestionadas. Los grupos ópticos delanteros y traseros son transparentes y "desaparecen"
cuando están apagados. Es decir, cuando el auto está estacionado, no tiene
mirada; es un lienzo blanco, frío y plano. Para colmo, la cúpula extralarga nos
sigue recordando a conceptos de Stellantis, como el ya mencionado Challenger o
el SM Tribute de Citroën.
Del Lusso al Luce
El GTC4Lusso ya nos hacía
preguntarnos por qué alguien querría comprar un Hatch italiano de cuatro
plazas. El Luce da un paso más allá: por primera vez en la historia de la
marca, este Ferrari tiene cuatro puertas y cinco plazas. Como buen eléctrico,
carece de un túnel de transmisión central gracias a la arquitectura de la
batería baja, lo que permitió meter una banca trasera. Lo cual sería excelente
si fuera un Fiat. Porque en el ADN de Ferrari, los asientos traseros y la
comodidad familiar nunca habían sido una prioridad.
Y para rematar la desproporción
visual, le plantaron rines progresivos: 23 pulgadas al frente y ¡24 pulgadas
atrás! Es el diámetro más grande jamás visto en un Ferrari de calle. El único
ridículo comparable en la industria lo había hecho Jaguar recientemente con el
Type 00, pero parece que ellos están intentando corregir el rumbo antes de
lanzar el auto, al menos en lo que a marketing se refiere. En Maranello, sin
embargo, no se arrepintieron ni les importó el qué dirán.
Absurdos tecnológicos
Pero no solo la estética está
mal; la obsesión por la tecnología llega a niveles casi cómicos en el apartado
del sonido. Como los motores eléctricos son mudos, Ferrari patentó un sistema
con un acelerómetro en el eje que captura la vibración mecánica real del auto
para luego filtrarla, igualarla y amplificarla a través de bocinas externas e
internas "como si fuera una guitarra eléctrica". Todo esto para
simular un V8 o un V12… ¡Que simplemente no existe!
Conclusión: El peligro de
cambiar la pasión por el algoritmo
En fin, el cliente de billetera gorda que ya pagó por anticipado por uno de estos adefesios no lo hace movido por la pasión pura que solía despertar el rugido de un motor térmico de Maranello; lo hace porque lo ve como una fría inversión financiera, una apuesta puramente especulativa para resguardar, congelar y tal vez multiplicar su valor en las subastas internacionales dentro de un par de décadas. El coche ya no se compra para ser conducido con el corazón en la garganta, sino para ser almacenado en una bóveda climatizada como si fuera un portafolio de criptomonedas con ruedas.
La verdadera tragedia del Ferrari
Luce no radica en sus cifras. Técnico y dinámicamente es un monstruo de la
física que devorará las pistas con precisión quirúrgica gracias a sus cuatro
motores independientes y sus mil cincuenta caballos. El verdadero fracaso está
en su concepción. Maranello ha confundido la vanguardia tecnológica con la
pérdida absoluta de su identidad visual y emocional. Le entregaron el alma del
Cavallino a Silicon Valley y el resultado es un ejemplo de esterilidad.
Nos encontramos ante un punto de
inflexión histórico y peligroso: el momento exacto en el que el minimalismo
corporativo y los discursos pretenciosos sobre la "petición de
pureza" terminan por asesinar el drama, la tensión muscular y el romance
del automóvil.
Por nuestra parte, mantenemos
firme nuestra opinión: como ejercicio de movilidad eléctrica avanzada, este
vehículo habría sido un Fiat extraordinario, un Chrysler revolucionario o un
Citroën disruptivo que redefiniría su segmento. Pero un Ferrari exige mucho más
que la perfección clínica de un teléfono inteligente de gama alta. Un Ferrari necesita alma, fuego y vulnerabilidad mecánica; cualidades que un bloque de
jabón de lujo diseñado por comité y amplificado por bocinas jamás podrá
replicar.
Fuente e imágenes: Ferrari®
Nota: Todas las imágenes publicadas en AutosMk® son
exclusivamente para uso editorial. Está prohibido su uso para cualquier otro
fin.








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